Relatoria de la 2da visita de Rodolfo a Antonio Cerezo penal de exterminio de Matamorors

, por  Comité Cerezo México , popularidad : 1%

-Así es, se me hizo raro porque mi hermano me dijo por teléfono que Emi no vendría a verme. Y mis amistades, que yo sepa, sólo que fueras tú.

-Pues aquí me tienes de nuevo visitándote. Lamento que te sintieras incómodo. Lo cual entiendo.

-No te preocupes y muchas gracias por venir.

Así fue como iniciamos nuestra plática Antonio y yo en el locutorio que nos asignaron. Como no somos familiares, nos tenemos que conformar en tocar el cristal para estrechar nuestras palmas.

Se me olvidó decirle a Antonio que el apuro de mi visita fue porque quise confirmar que en efecto se me había autorizado visitarlo regularmente cada semana. Pues con eso de que la primera vez que fui a verlo (sábado 9 de sept.) me dijeron al salir que al siguiente miércoles me hablarían por teléfono, como novia de rancho estuve esperando, pero y al fin, seis días después recibí la grata llamada de la Trabajadora Social del CEFERESO 3.

- Fíjate Antonio que antes de venir a verte le pedí a un amigo que me sugiriera algún tema para platicar contigo y ni tardo ni perezoso me dijo: “Yo le hablaría de música” a lo que le respondí: “Qué puedo yo hablarle del ruidero que a ustedes los jóvenes les gusta”. “Coméntale del compositor que murió cuando el terremoto del 85, precisamente aquí en Monterrey le hicieron un homenaje ahora que se cumplió 20 años de la tragedia...

Antes de que yo mencionara el nombre de Rockdrigo, Antonio se encargó de hacerlo con todo y apellidos, que por cierto ahorita no los recuerdo. También me recitó unos versos de la canción en la que Rockdrigo, critica a los intelectuales chafas.

- ¿Ya te entregaron los libros?

-Si, y ya leí el primer tomo de Historia de México. Estoy leyendo el segundo. También terminé la novela The Prisioner of Zenda. Muy interesante. En la carta que te escribí, va una traducción con los datos del autor.

- ¡Qué bueno que estás practicando el inglés!

Confieso que a mí ese idioma nunca me dio ganas de aprenderlo, aunque reconozco que es bueno saber idiomas. Pero eso si, me quedé pálido de envidia cuando me dijo que el francés era pan comido para él. Esa lengua si me hubiera gustado saber, pero a estas alturas ya ni llorar es bueno.

En fin, logramos platicar de muchas otras cosas mientras no llegara la celadora a decirme con su presencia “la hora se ha agotado”. Ni modo, son bien puntuales. Así que no nos quedó otra que posar en el cristal nuestras manos para despedirnos.

Y aquí dejo de teclear. Sólo agregaré que visitar a Antonio y a todos los que se encuentran presos por oponerse a un sistema injusto, es un deber solidario.

Gumaro

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