LA POSADA Cuento de Hector Cerezo

, por  Comité Cerezo México , popularidad : 1%

Una ventisca de aire fresco entró por la ventana de la celda tocando con suavidad la parte superior de mi rostro, estoy despierto, a lo lejos escucho el ruido que produce una pelota al ser constantemente botada en el piso, seguramente en algún módulo están jugando con ella.
Mastico el tiempo, rumiando ideas y recuerdos, dejando escapar sueños moribundos entre las cobijas y la almohada. Pasos, alguien se aproxima, quién será... ¿el guardia?, el que camina no trae botas, no, no puede ser el guardia, quién será... quién será...

El "Tonca" se asoma a mi celda, trae consigo un silbato en la boca y una bolsa de dulces en la mano izquierda, lo acompañan "El Cobra" y "El Reimon" los tres me clavan una mirada de asombro, uno de ellos me pregunta del porqué de mi ausencia en la posada, dieron tamales y ponche dice otro. ¿Había posada? Pregunté, como si al verlos no me hubiera dado cuenta de ello, como si no hubiera escuchado la algarabía que salía del comedor.
No me di cuenta, nadie me avisó, les dije.
Mentira, mentira, la verdad me dio mucha hueva ir.
Dile al guardia que te de chance, todavía falta la otra sección.
Efectivamente viene el guardia, talvez si le digo (suplico, imploro) me permita bajar a la otra posada... No, no, que chingen a su madre con su pinche posada de mierda, hoy no tengo humos para ello, prefiero seguir pensando en qué pensar, así al menos, aprovecho este momento de calma y sosiego que rara vez encuentro en esta pinche cárcel. Alo mejor, el próximo año si baje por el tamal y el ponche (un pinche tamal y un pinche vasito de ponche) o a lo mejor baje para saciar la curiosidad d observar como una bola de presos se transforman en Serafines, al mismo tiempo que prenden su vela y entonan villancicos.
Por lo pronto, voy a cerrar la ventana, tal vez pueda dormir un rato, para ser sincero me siento un poco cansado.

Héctor Cerezo Contreras
La Palma de Concreto
Enero del 2002

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