LOS EGRESADOS DE FILOSOFIA Y SU INSERCIÓN SOCIAL Héctor Cerezo Contreras, 5 de marzo de 2003

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Egresar de la universidad, y en especial, de la carrera de Filosofía enfrenta al egresado a dar respuesta a un cuestionamiento interno que desde el inicio de sus estudios viene madurando; primero como una inquietud y después como cuestionamiento filosófico de su ser. Cuestionamiento que tiene que ver con la actitud que adopta ante el mundo y ante sí mismo.

¿Qué es del estudioso de filosofía que llega a terminar su carrera? ¿Cómo y de que manera se inserta en el mundo social? Con tristeza debemos reconocer que la mayoría de los estudiantes de filosofía que terminan su carrera se preocupan y se ocupan de poder usufructuar lo aprendido, ya sea dentro de la academia o fuera de ella. La búsqueda de un empleo con una buena remuneración económica (que son sumamente escasos) es el modo o la manera en que tratan de insertarse en el mundo social. Algunos lo consiguen, la mayoría no. Si la licenciatura no basta par lograr ese objetivo, viene la maestría y luego el doctorado. Entre más conocimiento posea el egresado más alto se cotiza socialmente y más pronto puede o tiene la posibilidad de conseguir una remuneración mayor. La utilidad social del egresado, en muchos casos, se limita a transmitir lo aprendido a las generaciones venideras.

La relación que existe entre este tipo de egresado y la filosofía es una relación externa, una relación propia de nuestro sistema, una relación mercantil. La filosofía se vuelve algo útil, otorga utilidades (beneficios económicos), otorga un estatus social (es el “filosofo”) y acrecienta el egoísmo intelectual (el yo se, tu no sabes). Este egresado se sitúa ante la filosofía, frete a ella como su objeto de conocimiento. Pero no se sitúa en ella, no se integra a ella, no la integra a su ser. No se concibe a sí mismo como objeto y sujeto de la filosofía. Sale al mundo y se adapta a él. Continúa inmerso dentro de un mundo dado, enajenado y le sirve de fundamento y lo justifica. No piensa críticamente en la realidad, no la conoce, no la transforma. Su egoísmo intelectual, su menosprecio hacia la praxis lo lleva (se lo proponga o no) a justificar esa realidad enajenada de la cual forma parte, ese estatus quo cosificado.

La filosofía es algo exterior, ajeno a su ser, por ello el egresado no cuestiona y no se cuestiona. Porque la filosofía es ante todo un cuestionamiento continúo de la realidad, de las ideologías, de las doctrinas, del hombre mismo y de sí mismo. Este egresado se conforma con el mundo dado, lo acepta, lo justifica, y si en algún momento se disgusta con él, lejos de buscar su transformación trata de apartarse del mundo refugiándose cada vez más en sí mismo. Se hace un ser egoísta. Pero por más que asuma indiferencia ante el mundo participa en él y contribuye con su actitud pasiva a que el mundo permanezca como esta. La filosofía no es práctica, lo sabemos, pero tampoco deja de tener consecuencias practicas, y esto sucede independientemente de que la filosofía se lo proponga o no.

Por el contrario, el egresado que asume una actitud crítica ante el mundo que le rodea y ante sí mismo, no sale al mundo para adaptarse, para contemplarlo, para justificarlo, sale y cuestiona y se cuestiona, piensa la realidad críticamente y niega esa realidad enajenada, piensa y afirma, otra realidad distinta. Concibe al hombre como un ser de la praxis, transformador del mundo y de sí mismo. La actitud que asume ante el mundo no es pasiva, tampoco se queda en la mera crítica, si no que contribuye a transformarlo. Este filósofo, este egresado, no se enclaustra en un aula para evitar al mundo si no que concientemente se inserta en el mundo social, lo cuestiona, lo crítica, lo conoce, lo transforma. La filosofía no es exterior a él, si no que se encuentra integrado a su propio ser. La filosofía no es un mero objeto de conocimiento. El hombre se vuelve objeto y sujeto de su pensar crítico y de su actuar. El egresado vive en el mundo dado para subvertirlo, para transformarlo, para afirmar al hombre como tal, como ser creador.

El egresado de la carrera de filosofía tiene ante sí un mundo dado, históricamente condicionado. Ante sí se encuentra una sociedad llena de contradicciones, un Estado y la propia Universidad como institución. De la actitud que asuma ante este mundo afirmará o negará su ser. Se afirmará o negará como un ser de la praxis, como un ser, el único ser que piensa, que conoce, que cuestiona la realidad y que la transforma revolucionariamente. El egresado se enfrenta a esta disyuntiva tarde o temprano, conciente o inconscientemente. Su respuesta ante esta disyuntiva es su respuesta a qué es la filosofía y a la manera en que se relaciona con ella.

Preso de conciencia

Héctor Cerezo Contreras

Consejero Académico del Colegio de Filosofía de la FF y L

“La Palma de concreto”

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