Feti-Ché Antonio Cerezo Contreras, 12/17-Septiembre-2002

, por  Comité Cerezo México , popularidad : 1%

Resultado del modo de producción capitalista, la mayoría de los hombres no percibimos, ni pensamos la realidad material y espiritual que nos rodea y en la cual desarrollamos nuestras actitudes como resultado de la praxis del hombre.

En consecuencia la realidad se nos presenta como algo ajeno a nosotros, algo con lo cual no tenemos relación ni de causa ni de efecto.

El hombre mismo lo vemos como objeto en el cual no reconocemos nuestra humanidad y tampoco reconocemos nuestra humanidad como resultado de la praxis.

Así la dicotomía entre hombre y realidad se nos presenta como la forma “natural” y cierta de pensar y de pensarnos.

Partimos de lo anterior para explicar un fenómeno que se presenta en la actualidad: la fetichización de algunos revolucionarios y concretamente de Ernesto “Ché” Guevara.

Así como la realidad, el “Ché” no es captado como producto social sino como hombre singular, individual, desligado del momento histórico que vivió.

Cuando se ve al “Ché” como hombre individual desligado de la realidad social en que desarrolló su praxis revolucionaria, lejos de intentar emularlo se le convierte en objeto de culto, sin vida y sin repercusiones reales y concretas en la vida de los hombres y mujeres que lo fetichizan.

La fetichización del “Ché”, sin embargo no se nos presenta como tal abierta y claramente, se oculta en la mayoría de las veces en el culto, en la supuesta admiración que produce este hombre y se manifiesta en el uso de posters, camisas estampadas, dibujos, separadores, etc. Pero que no trasciende en modificar nuestra percepción d la realidad contradictoria desligada de nosotros.

Queremos ser como el “Ché” o lo admiramos, pero perdidas en el marasmo de nuestra vida personal y de nuestros problemas cotidianos, no logramos realizar una praxis revolucionaria. Fetichizado el “Ché”, es decir, no reconocido como hombre producto de un modo específico de producción y de específicas relaciones sociales que comprendió y transformó, lo convertimos en símbolo ajeno a nuestras posibilidades reales de ser como él, porque nosotros mismos no reconocemos nuestra humanidad como producto de la praxis.

El “Ché” como símbolo Fetichizado se convierte en lo que aparentemente anhelamos sea el hombre, pero que no somos por el esfuerzo y responsabilidad implica. Es mas fácil admirar al símbolo que intentar ser cómo él.

Creemos que para acabar con la fetichización del “Ché” es necesario entenderlo como un hombre inmerso en una realidad concreta, resultado de la praxis social, y producto de ella. ¿Cuál era esa realidad?

Ernesto “Ché” Guevara nación y creció dentro de una sociedad determinada por el modo de producción capitalista y sus contradicciones. el “Ché” conoció en su juventud las consecuencias de la explotación de unos hombres sobre otros en sus viajes por América Latina, tomó conciencia de esta realidad producto del hombre, y por ello posible de ser revolucionada por él y decidió transformarla asumiendo las consecuencias de esta decisión.

El “Ché” se hace revolucionario cuando desarrolla una praxis revolucionaria que busca trascender el sistema social en Cuba. Ahora bien no podemos omitir que la praxis revolucionaria del “Ché” se sustentó en el conocimiento del marxismo y que el objetivo fundamental de su praxis era la construcción del socialismo en Cuba y en todo país donde se unió al esfuerzo libertador.

Es el esfuerzo permanente por la construcción del socialismo en Cuba y de contribuir a construirlo en otros países, lo que hace del “Ché” el ejemplo del hombre nuevo que se construye así mismo como tal en la construcción de una sociedad socialista.

El “Ché” no es el hombre nuevo, entendido éste como dechado de virtudes que cada quien le atribuye o se imagina que debe tener el hombre: el “Ché” participó en la guerra, hizo la guerra, fue responsable de vidas y muertes, asumió la responsabilidad de sus actos y actuó en consecuencia.

Ser hombre nuevo no exime de errores o defectos, ya que el hombre nuevo no sólo es virtud, es el hombre en permanente autoconstrucción que asume la responsabilidad necesaria de asumir en el esfuerzo de la transformación radical del capitalismo y esto es lo que lo distingue de los demás.

Todos podemos ser como el “Ché”, si queremos claro, y ser como el “Ché” es desarrollar una praxis revolucionaria que intente trascender el capitalismo siendo consecuente con esta decisión; sólo así le daremos contenido al símbolo, le daremos vida con nuestra praxis y lograremos resolver nuestra problemática personal en función de resolver las necesidades sociales.

Hay sin embargo, un punto polémico, discutible dado por los acontecimientos históricos acaecidos después de la muerte del “Ché” y es el siguiente:

El “Ché” tenía un proyecto claro: la construcción del socialismo y era a decir de él mismo un comunista. ¿Hasta dónde podemos actualmente construir al hombre nuevo o querer ser como el “Ché” sin tener por objetivo el socialismo y sustentar nuestro pensamiento y acción en el marxismo?

¿Hasta dónde la ética comunista, marxista, es necesaria para la construcción del hombre nuevo o hasta dónde ya no lo es?

Si consideramos que el socialismo no es posible, entonces ¿Cuál es el proyecto posible y realizable? Si consideramos que el marxismo como ciencia que fundamenta una ética y moral no es válida actualmente ¿cuál es la ética contrapuesta a la ética burguesa que nos fija un parámetro en nuestro actuar y cuál la ciencia que la fundamenta?

Consideramos necesarias estas preguntas, porque independientemente de la respuesta que demos nos obliga al ejercicio reflexivo y a la acción transformadora y comprometida con la humanidad.

A 35 años de la muerte del “Ché” y a 35 años de acontecimientos históricos que han transformado nuestra realidad de manera, tal vez, más compleja que antes; el compromiso del hombre consigo mismo es acabar con la opresión y explotación y construir, rescatar los valores que toda praxis revolucionaria conlleva para ser tal.

Desfetichizar al “Ché” es humanizarlo, es ponerlo al alcance de nuestra mano para emularlo en su interés, en su decisión férrea inquebrantable de transformar la realidad que el capitalismo nos impone como inamovible.

Cefereso N° 1 “La Palma” Antonio Cerezo Contreras, preso de conciencia N° 1108

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