Testimonio de Antonio Cerezo Contreras 10 de septiembre de 2001

, por  Comité Cerezo México , popularidad : 1%

Mi nombre es Antonio Cerezo Contreras, tengo 24 años y soy originario del Distrito Federal.

Dicen que recordar es volver a vivir, pero lo que a continuación escribo no quisiera volver a vivirlo, aunque eso ya no depende de mí, sino de la gente que me tiene preso junto con mis dos hermanos.

Fui detenido el lunes 13 de agosto aproximadamente a las cinco de la mañana en mi casa que rentaba en Santiago Tepalcatlalpan, Xochimilco.

Estaba dormido a un lado de mi hermano Héctor Cerezo Contreras de 22 años cuando escuché una voz. Desperté sobresaltado y lo primero que vi fue a un hombre con pasamontañas negro, vestido de gris y me apuntaba con una pistola, me dijo -híncate, manos a la nuca- obedecí y vi a otros hombres armados e igual con pasamontañas negro y vestidos de gris. Uno de ellos me agarró y me sacó al patio, atrás de mí sacaron a mi hermano Héctor. Yo tenía puesta una camisa negra de manga larga y trusa, así me sacaron, descalzo. En ningún momento me opuse a la detención, en ningún momento de ahí hasta la fecha, se me enseñó orden de cateo u orden de aprehensión.

En el patio nos pusieron contra la pared, en el siguiente orden de izquierda a derecha, un vecino, Héctor y yo, teníamos las manos en la nuca y las piernas abiertas, estando así volteé un poco y un hombre de gris y pasamontañas negro me dijo que no volteara.

Un hombre se acercó por detrás y preguntó quién sabía prender la computadora, mi hermano Héctor dijo que él y se lo llevaron, como cinco minutos después se acercó un hombre por detrás y me preguntó de quién era la propaganda, le dije - no sé que propaganda-, a continuación me dio dos golpes con el puño en las costillas que por poco me sacan el aire. Acto seguido me agarró del brazo y me hizo lo que comúnmente llamamos “manita de puerco” y me llevó a la entrada del cuarto, al subir como tres escalones me detuvo y otro señor al que le decían comandante me dijo -ya sabes porque estamos aquí, desde este momento eres prisionero de guerra y así te vamos a tratar- acabando me dio un golpe en el estómago.

Desde el momento de mi detención me tuvieron con la cabeza abajo y mirando el piso, o vendado después y al último sin venda, cabeza abajo y con los ojos cerrados.

Me llevaron a la cocina y me sentaron en una silla, me pusieron las manos atrás y me esposaron con un hule como de un centímetro de ancho y medio de grueso, me apretaron, pero me lo pusieron por encima de las mangas de la camisa, supongo yo para no dejar marcas. Como dije antes con la cabeza abajo y ojos cerrados desde ese momento.

Como veinte minutos después de que nos sacaron y como 5 o 10 de que estaba en la cocina, escuché que mi hermano Héctor gritó en dos ocasiones -¡me están torturando!-, yo le pregunté al señor que estaba en el cuarto porqué le pegaban a mi hermano y sinceramente no recuerdo que respondió.

A partir de ahí comenzaron los golpes en la cabeza, los daban con el puño cerrado, pero no golpeaban con los nudillos sino de lado, los golpes eran donde caían y en la sien, no recuerdo el número de golpes que me dieron, pero si fueron durante todo el tiempo en que estuve detenido en mi casa.

Los golpes en la cabeza los alternaban con jalones de cabello en las patillas, torcían la oreja y la jalaban hacia arriba, con los nudillos ejercían presión detrás de las orejas.

Pasó un tiempo sería a lo mejor una hora y media y me vendaron los ojos,. Escuché que detrás de mí estaba un señor con una bolsa que estaba como sacudiendo, dije: -no, la bolsa no- y uno de ellos respondió -este cabrón ya sabe todo lo de la venda y lo de la bolsa-, me agarraron de los brazos y me pusieron la bolsa sobre la cabeza, como no podía respirar mordí la bolsa logrando hacer algunos pequeños hoyos por los que entraba muy poco aire, me golpearon en el estómago, cuando sentía que ya no podía respirar comencé a moverme desesperado.

Me sacaron la bolsa y respiré un ratito y la volvieron a poner, esta vez uno de ellos me puso la bota en los muslos y otros encima de la bolsa me taparon la boca y la nariz, me golpearon en el estómago, así hasta que me la quitaron, claro se siente asfixia. No recuerdo si antes o después de esto me dijo -que tu no vas a gritar como tu hermano-.

Escuche que varias personas que viven calle arriba al querer salir a su trabajos gritaban que les dieran paso, les respondían que un momento, que estaban en un operativo, por eso calculo yo que eran las 7 o 7:30 de la mañana aproximadamente. Esto lo escuché antes de la bolsa de plástico.

Entró una persona a la cocina y cerraron la puerta, se puso creo a un lado de mí y comenzó el interrogatorio.

- ¿Cómo te llamas?-

- ¿Cuántos años tienes?-

Respondí que 25.

- ¿De dónde eres?-

Me preguntó en que trabajaba y le respondí que de encuestador ya que fue el último empleo fijo que tuve.

Cuál era mi grado escolar y dije que preparatoria ya que interrumpí mi carrera de Filosofía en la UNAM.

Como en mi casa había muchos libros, de economía, filosofía, sociología, psicología, pedagogía, literatura universal, como Gabriel García Márquez, Emilio Zola, novela policíaca cubana, cuento, poesía, en fin, me preguntó que si yo había leído a Carlos Marx, respondí que si, me preguntó que libro, “El manifiesto del Partido Comunista” respondí, me preguntó de que trataba, -de que hay proletarios y burgueses-, -y tu qué te consideras- preguntó, -un proletario- respondí.

- Y yo que soy- me preguntó.

- Un proletario- respondí yo.

- Entonces de proletario a proletario, dime todo lo que sabes-

- Yo no sé nada- respondí-

- ¿Sabes qué es la Filosofía?- me preguntó.

- No- respondí,-La Filosofía es el amor al conocimiento-me dijo.

- ¿Has escuchado hablar de Malthus?-

- No- respondí y me dijo algo acerca de la población, no recuerdo bien que.

Yo le pregunté qué porqué me golpeaban, le dije, me están madreando, me dijo, -tu eres el agresor, no te quieras hacer pasar por víctima-

- Cualquier gente que nos vea, que yo estoy con los ojos vendados, las manos atrás y todos ustedes aquí no pensaría así-respondí

- Ya déjate de hacer la víctima, tu eres el agresor, no te salgas del tema-

Le volví a preguntar que por qué me golpeaban, que me estaban madreando, el me dijo que no, entonces yo le pregunté como se le llamaba a esto, él me respondió -Tortura-

- Entonces ¿porqué me torturan? pregunté y me respondía que me dejara de hacer la víctima.

Todo esto fue acompañad de uno que otro golpe, le dije a este señor que por su tono de voz aparentaba mucha amabilidad que me estaban apretando mucho las manos, revisaron las “mariposas”, creo que así les decían a esas cosas de hule y las cortaron, después las volvieron a poner (otras nuevas). Pedí ir al baño y me llevaron.

Continuaba el interrogatorio.

No recuerdo qué me preguntó a lo que yo respondí, yo no he matado a nadie, yo no he hecho nada.

- Pero así como vas lo puedes hacer, todo es factible-

Yo le dije que me juzgara por lo que había hecho y que yo no había hecho nada, pero no me podía juzgar o acusar de lo que supuestamente él, iba yo a hacer en el futuro.

Me preguntó qué cuánto tiempo pensaba yo que habíamos hablado, le respondí que no sabía y me dijo que media hora.

Empezaron a hablar entre ellos y comentaron que había llegado el de la SEDENA.

En ese tiempo yo escuchaba que entraba y salía gente, que le decían a alguien que tomara fotografías, frente a mí estaba una mesa circular que después quitaron y escuche que tomaban fotos, el que las tomaba pedía que me movieran, supongo para que yo no saliera, uno de los que estaba ahí me movía, me paraba y avanzaba unos pasos y luego retrocedía, no sé cuántas fotos tomaron ni a que le tomaron las fotos.

Un señor que estaba ahí y era el que más me pegaba, me preguntó que dónde estaba el hidrogel, le dije que no sabía que era eso y me dio golpes y rodillazos en el costado, le dije- ahí muere carnal-, me respondió-yo no soy tu carnal y me dio otra tanda de golpes.

En ese momento me comenzó a jalar de los bigotes que tenía cuando me detuvieron, me los arrancaba con la mano y me decía -cállese- y me preguntaba que dónde estaban los explosivos

.Entró un señor, que el que estaba ahí le dijo Comandante:

- Dice que aunque le arranquen un brazo no va a decir nada, que los entrenan como Jean Claude Van Dame y que aguantan un chingo debajo del agua-

Yo respondí que no era cierto, que yo no me la iba a rifar, que yo estaba dormido, el otro me dijo -cállate-.

Estaba sentado, un policía me tocaba ligeramente las costillas y yo me sobresaltaba, me preguntó que porqué yo reaccionaba así a lo que contesté que porque nada más estaba esperando el trancazo.

Hablaban entre ellos y uno dijo, ya viste ese de azul, el otro dijo que si, ¿sabes quién es?, no, respondió el otro, -es el jefe, te voy a meter un arresto por no saber-.

En lo que entraba el otro policía para el interrogatorio uno me golpeaba en la nuca con la mano extendida, el que me pegaba más que era éste, tenía guantes.

Cuando entró otro policía se sentó frente a mí, me preguntó otra vez por mi nombre, mi edad, lugar de origen, que a cuánto se encontraba la capital del estado, trabajo, cuánto ganaba, tiempo de recorrido de mi casa al trabajo, dirección. Yo dije lo mismo que antes al otro policía.

Le dije que me estaban torturando, me respondió que quién decía eso, -el otro señor dijo que se llamaba tortura-respondí, -no, esto no es tortura, son caricias, tortura es que te rompan las costillas, que estés puteadísimo-.

Me dijo -ustedes aprendieron de Centroamérica, yo participé en estas cosas, sé lo que es esto, ¿quiénes son de la célula? Héctor, tu y quién más?, yo le dije que sólo vivíamos en la casa Héctor y yo y que no sabía de lo de la célula ni nada de eso. ¿Quién es Gerardo? preguntó.

- no sé- respondí

- Llevas un año aquí, dijo, en tres meses te dan la capacitación ideológica, tres meses de entrenamiento y tres de especialización, tu eres el especialista en explosivos, tu eres el bueno, el asesor de los demás-

Yo negué lo dicho, le dije que yo no sabía de eso.

Preguntó mi edad, 25 dije nuevamente.

- yo tengo 26 y tengo especialización, me dijo, ¿porqué tiemblas?-

- porque tengo miedo-respondí

- no, si tuvieras miedo tu no estarías aquí-

Le dije de las esposas, que me apretaban y que sentía la mano derecha dormida, me quitaron el hule una vez más, me dijo que pusiera las manos sobre mis rodillas con la palma hacia arriba, que apoyara las plantas de mis pies en el suelo, cada que yo tardaba en responder me daba golpecitos con una pluma en la cabeza y con la punta como que me pintaba los dedos de la mano.

- Has dormido-me dijo- pero tu cerebro no va a responder igual si no duermes-

Cuando me preguntaba que hacía yo, le dije que a veces corría con Héctor en el deportivo de Xochimilco, me preguntó que con quién más, -sólo los dos- respondí, me preguntó que en cuánto tiempo corría los 5 km.., respondí que en 40 minutos, me preguntó que porqué tanto tiempo, -así corro yo- le respondí.

Me tocó los brazos, el conejo como para ver si estaba fuerte supongo y con su pluma creo me toco el músculo que está arriba de la clavícula, preguntó que si yo cocinaba, dije que si, -yo también empecé de cocinero- me dijo-

Me preguntó que había leído yo, dije que “El Manifiesto del Partido Comunista”, -nada más, es muy poco para un año, que más has leído- dije que otros libros como novelas, me preguntó que con quién leía los libros, dije que solo o con Héctor, que con él platicaba o que leía, entonces decía, Héctor es el bueno, yo decía que no, entonces eres tú, respondía.

Me volvía a repetir que él sabía como eran las cosas, que él había participado y que se había hecho rico con el dinero que había obtenido en su participación.

Preguntó-dime un país en que no existan pobres-

- Cuba- respondí, todos los presentes, no sé cuantos, se rieron bastante.

- Yo vengo de allí- respondió- sabes que en Cuba las muchachas se prostituyen por un pantalón- si, le dije, lo mismo me dijo el otro señor, ¿sabes cuánto gana un profesionista en Cuba? Preguntó, -no-, ganan como 100 dólares, dijo, no recuerdo bien la cantidad, sabes cuánto es en pesos-, depende de a como esté el dólar respondí, -son como 100 pesos- me respondió. -no hay país donde no existan pobres-

Este es un proceso me dijo, ¿quieres pasara a la a otra etapa? No, respondí-entonces ayúdanos, todos tenemos un límite y te vamos a hacer llegar a ese límite, te vamos a reventar tu madre y vas a desear no haber nacido, vas a odiar a tu madre-

Pienso, dijo, que ustedes apenas empiezan. Me dijo algo así como que si sabía yo que había testigos protegidos, yo dije que si, me decía entonces que ayudara, yo decía que no sabía nada.

¿Quieres que tratemos como bestia o como humano? Preguntaba, -como humano- respondí, entonces habla, -no sé nada- te vamos a reventar tu madre, decía.

Salió y volvió a entrar ese policía que le decían comandante, y el que estaba ahí como permanente le dijo,- este es el especialista, en tres meses lo preparan ideológicamente, lo entrenan y lo especializan-, el policía que le decían comandante se me acercó y me dijo que si era yo el que lo quería volar, le dije que no, que yo no tenía nada contra ellos.

El que estaba ahí de planta me repetía que me iba a llevar a mi límite, que me iban a reventar mi madre y me golpeaba en la cabeza.

En eso que se estaban llevando las cosas, (porque yo oí a alguien que dijo -llévense hasta la despensa-) me paró y me puso contra la pared, dijo, vamos a hacer la “máscara del santo”, me puso un plástico en la cara, pienso que era de ese plástico elástico muy delgado que se usa para envolver cosas, me doblaba para que no me lo pusieran y poder respirar, la segunda vez me dijo que no me doblara y me golpeó en el estómago, así me hicieron como tres veces, luego me volvieron a sentar.

Yo había perdido la noción del tiempo, no sabía el tiempo transcurrido y a veces escuchaba la voz de mi hermano Héctor, pienso yo que el segundo policía o soldado que me interrogó iba a interrogar a mi hermano cuando salía.

Entró nuevamente el policía o soldado que me había interrogado.

¿Cómo te llamas? Preguntó.

- Alfonso-

¿Alfonso o Antonio?, dude un momento y le dije - Alfonso-, para este momento ya sabían que Héctor era mi hermano porque supongo que vieron mis papeles, (acta de nacimiento, certificado de primaria, secundaria, credencial de la UNAM, fotografías, cartas de amigos) que por cierto no han entregado a mi hermana, se podría decir que se robaron mi pasado gráfico.

- ¿En cuántas puestas has participado?- preguntó.

- En ninguna- respondí, -¿Qué son puestas?-

- Tu sabes a lo que me refiero, en cuántas puestas has participado.-

- En ninguna- volví a responder.

- Encontramos croquis en tu casa, con Héctor sales a las puestas-, -no, yo no he hecho eso-

Después me dijo que tomara algo, lo toqué y me preguntó qué era, le dije que una pila. -bien que sabes- dijo, luego me puso otra cosa y me preguntó qué era, -no sé-, -es un reloj- me dijo.

- ¿Quién hace los iniciadores?, -no sé- respondí.

- Tu los haces, tus dedos me lo dicen-

- Yo no sé nada- respondí.

Me dijo que había monedas viejas, que para qué las queríamos, no sé si hay esas monedas, respondí, -¿sabes que es la metralla? Preguntó,-si es cuando salen pedazos de una bomba-,-¿Cómo sabes?, me preguntó, -eso lo ves en la tele, en las películas- le dije-, -¿Sabes que las monedas son muy buenas como metralla?, -no- respondí.

- ¿Para qué las querían?, -no sé, yo no sé si hay monedas-

¿Quién es Hugo Fernández o Hernández? No recuerdo bien el apellido, -no sé- respondí.

Me dijo que escribiera mi nombre en un papel, lo escribí.

Comentó con otro señor o policía, no, esta no es la letra, la otra es más académica.

- Eres un gran mentiroso- me dijo.

- Ponte derecho-, yo estaba vendado, con la cabeza baja, me enderecé, en cuanto lo hice me dieron un golpe en el cuello, como un tajo, es decir con el lado exterior de la mano, me lo dieron en la garganta, no fue muy fuerte, pero si hizo que me doblara y como que no pude tragar saliva bien, me dijo que me enderezara, en cuanto lo hice, me volvió a dar otro golpe igual en la garganta.

Ordenó a otro policía que me trajera un pantalón, hasta ese momento estaba en trusa, me lo pusieron.

Insistía el señor o policía que yo era el asesor, luego me decía que si Héctor era el bueno o yo.

Luego me preguntó ¿Cuánto tiempo les tienes que dar?,-no sé- respondí. -Si tu sabes, cuánto tiempo les tienes que dar-, volví a repetir que no sabía.

Este soldado o policía cada vez era más amenazante, al principio el no golpeaba, después sí, tenía un acento raro, como extranjero, como ese señor que sale en la tele Don Francisco o Cristina, algo así.

- ¿Has leído de Lucio Cabañas?- preguntó, -si, en el Milenio de diciembre salió algo- respondí.

De ahí me sacaron a la cocina, todavía estaba descalzo, me pusieron, antes de Sacarme de ahí, otras esposas, éstas si eran de metal, me llevaron al cuarto que está cerca del baño y me pusieron en una silla con las manos atrás del respaldo, no estaba volteando hacia la pared.

Ahí el que estaba de planta me puso un pasamontañas en la cabeza, encima de la venda, decía , si se ve igualito, así se ve cuando se lo pone, yo le decía que yo no usaba de esos, con una pelota de goma, como con las que juegan frontón me comenzaron a pegar, se ponían de lejos y me la aventaban a la cabeza y se reían, decían que a ver quién me pegaba, después me la aventaron a los testículos, pero la pelota me pegó en la pierna, me quitaron el pasamontañas.

Un policía se ponía enfrente de mí y como que sacudía un plástico.-¿Qué tengo en las manos?- preguntó.

- Un plástico- respondí, -no, es una bolsa, vamos a ponerte la “máscara del santo” dijo y los demás se rieron.

Uno de ellos hacía ruidos como dos golpes de metal y me decían que abriera las piernas, yo las abría y me gritaban ¡ábrelas cabrón!

Yo pensé que me iban a dar toques eléctricos, pero no, solo eran los ruidos.

El cuarto se escuchaba vacío de cosas y pensé que habían sacado todo.

- ¿Te gustan los hombres?- pregunto uno.

- No- respondí.

- A mi sí- me dijo.

- Te vamos a coger, ya estoy practicando con el balero el capirucho-

- Cógetelo tu primero, yo tengo gonorrea- decían.

Se acercó otra vez el soldado o policía que interrogaba, -¿Qué, ya te cagaste?-, -no-.,-pues te vas a cagar, voy a hacer que te cagues y te comas tu mierda, te voy a cortar los huevos y voy a hacer que los mastiques-.

- Ya que- le dije -estoy en sus manos, me van a hacer lo que quieran-

- Ah. Es un reto, me estás retando-

- No- respondí.

- ¿Quién es el pendejo, tu o yo?-

- Yo- le respondí.

El que estaba de planta me jalaba las manos hacia debajo de las esposas, como jalaba éstas se apretaron más y sentía dolor en las muñecas y la mano derecha entumecida.

El que interrogaba me paró, me dijo ¿dónde está el otro clavo? y me acercó a la puerta del baño, -no sé- respondí, -si, dónde está el otro clavo-, -cuál clavo, el de colgar la ropa-, cuando contesté eso me golpeó en la cabeza y me dijo: - a mi no me vas a agarrar de pendejo- y me sentó.

Yo escuché algunos quejidos de mi hermano Héctor en el otro cuarto, ahí lo tenían, escuchaba la voz del que me interrogaba a mi también.

Me quitaron la venda y me movieron a la puerta del baño, dando la cabeza a la pared, -no abras los ojos y no levantes la cabeza- me dijo uno.

El cuello me dolía de estar agachado tanto tiempo.

En eso sólo escuché que dijeron -parecen gemelos-

Nuevamente el que me preguntaba se acercó por atrás y preguntó: -¿Quién es Alejandro?-

Cuando escuché la pregunta sabía que preguntaba por mi hermano Ale de 19 años de edad, yo sabía que había ido a la escuela y que el no vivía con nosotros, que sólo iba ocasionalmente a lavar su ropa.

Decidí no decirles nada porque pensé que lo iban a golpear igual o tal vez peor que a mí, el temor a esto me hizo responder que no sabía.

- ¿Cómo no vas a saber, cada cuánto viene?-, -no sé- respondí.

- Si lo tenemos aquí al lado-

- Si lo tienen, entonces pregúntenle a él-

Me preguntaron esto varias veces, como tardaba en responder el que estaba como de planta me jalaba las esposas hacia atrás, después me agarró el dedo pulgar de la mano izquierda y me lo jalaba hacia arriba y me decía -no grite cabrón-

Me dijeron que me pusiera unos tenis que después vi eran para jugar futbol, así me tuvieron otro poco tiempo cuando me agarraron, me levantaron, me pusieron una toalla en la cabeza y dijeron vámonos, salimos del cuarto, bajamos las escaleras y nos volvieron a regresar.

Volvimos a salir y sólo vi varios zapatos de gente que estaba sentada en dos filas, me llevaron a una camioneta y el de planta se me acercó y me dijo -¿no te da vergüenza que te lleve una mujer?-, ahí me di cuenta que la policía que me llevaba era una mujer, me dijeron que subiera la pierna y me subí a la parte trasera de una camioneta, me sentaron recargado en la cabina, me dijeron abre las piernas y sentí que ponían a otra persona entre ellas, vi la camisa que llevaba mi hermano Héctor y recargué mi cabeza sobre su hombro, sentí después que subían a otra persona y pensé que era el vecino, no me imaginaba o no quería imaginar que era mi hermano Alejandro.

Como ya en los interrogatorios me habían amenazado con la desaparición, la tortura más cruel o llevarme junto con Héctor al campo militar #1, cuando arrancó la camioneta yo pensé que alguna de esas posibilidades era mi destino, la camioneta iba muy rápido, se oyó rechinar las llantas por los frenones que daban.

Como el peso de mis hermanos en los frenones era sobre mí y las manos las llevaba hacia atrás, con las esposas apretadas, mi mano derecha se me entumeció más y las muñecas me dolían, sobre todo la parte externa de las manos.

No sé cuánto duró el recorrido, había perdido la noción del tiempo y sólo pensaba en lo que me esperaba, en la tortura más cruel, la muerte lenta, no pensé en ningún momento en que me iban a llevar a los separos de la PGR.

Pensaba en Héctor, en querer tomar su mano y sonreír, en que ojalá no fuera Alejandro el que estaba ahí al lado, en que la gente que nos detuvo, que nos torturó, que nos interrogó era capaz de hacernos todo lo que nos había dicho y más.

Poco antes de salir recuerdo que el señor que interrogaba se acercó y dándome como manazos en la oreja derecha creo, me decía, ¡viva Lucio Cabañas, viva Lucio Cabañas! Si queremos que haya pobres, sino quien nos va a lavar los coches.

También me decía: te van a dejar morir, quién te va a ayudar, tú estás aquí y tus jefes se dan la gran vida, crees que les importas, nadie se va a acordar de ti...mi respuesta a esto era el silencio, simplemente no sé a quienes se referían.

Algo que recalcaban mucho era que no era una película lo que estaba pasando,-esto no es una película cabrón-, lo repetían varias veces como para dejar constancia de que todo era real.

Las amenazas de violación, de desaparición fueron constantes, sobre todo la última parte, no lo dijeron sólo una vez, sino varias, no sé cuántas veces, no conté los golpes, pero fueron reales, efectivamente, esto no es una película, ni lo que conté producto de mi imaginación o del supuesto adoctrinamiento que dice el director de la UEDO.

II

Nos bajaron de la camioneta con la toalla en la cabeza, subimos unas escaleras y me quitaron las esposas, después me quitaron la toalla y vi como 3 o 4 personas de civil y 2 agentes de la PGR, vi a mi hermano Héctor y a mi hermano Alejandro.

El cuello me dolía mucho y poco a poco lo levanté manteniéndolo muy recto para calmar el dolor, vi a mi hermano Hector igual, salieron dos doctores de un cuarto y llamaron a mi hermano Alejandro, nos dijeron que nos sentáramos en el piso y nos sentamos, enfrente había un reloj de pared que daba las 5:45 de la tarde. Salió Ale y entró Héctor, salió y entré yo, los médicos me preguntaron los generales, me quité la camisa y tomaron nota de las marcas que tenía en el cuello, atrás y adelante y en el pecho, no preguntaron si nos golpearon, fue una revisión general, no revisaron oídos, ni con minuciosidad, salí.

Estábamos los tres sentados, le pregunté a Héctor -¿te pegaron?-,-si- respondió, -la bolsa- y con la cabeza me dijo que si. Le pregunté a Ale, -¿te pegaron?-me dijo que no. Nos dijeron que si queríamos pasar al baño pasáramos, pasaron mis dos hermanos, pase yo y pedí que me dejaran tomar agua, no había tomado agua desde mi detención y sentía la boca amarga y seca, me lavé la cara y nos volvieron a sentar, un agente de la PGR que vestía camiseta gris, pantalón gris y su pistola, se despidió de nosotros y se fue.

Nos bajaron a los separos, ahí el que estaba de guardia nos dijo -qué, ya les dieron su calentada-, yo dije que si con la cabeza, igual mis hermanos, -ya vieron que la verga no es de huele— contestó. Antes arriba nos habían quitado todas las cintas, mi pants o el que me habían puesto traía una y la entregué. Uno por uno nos pasó, nos ordenó que nos quitáramos la camisa, los zapatos, los pantalones y nos bajáramos la trusa, nos vestimos, nos puso a los tres en fila, atrás de nosotros quedaba un cuadro grande donde decía los derechos de cualquier detenido, a continuación dijo:-aquí no hay derechos humanos y así como se porten los vamos a tratar- todo esto dicho con la sabida (por cualquier gente) prepotencia característica de los “vigilantes del orden”.

- Pase uno- dijo y entró mi hermano Héctor, el vigilante me vio y me dijo no me mires con odio, luego pasó mi hermano Ale y no sé que les dijo, al último entré yo, me dio una cobija, me llevó a un separó y cerró.

Viendo de frente quedó Ale y un poco a la izquierda Héctor, los tres estábamos separados.

Cuando salió alcancé a oir que decía:-no, a éstos los viene a traer el ejército-.

Pasó un tiempo y nos volvieron a sacar, a los tres nos formaron en fila, ahí fue donde sacaron a otros dos señores que yo nunca había visto antes, los formaron en la misma fila, nos ordenaron bajar la vista y poner las manos en las bolsas traseras del pantalón con las palmas hacia dentro, como mi pants no llevaba bolsas, me dijeron que metiera las manos dentro del pantalón, nos subieron, nos pusieron viendo hacia la pared y nos pasaron uno por uno, me pusieron una tabla con el nombre de Alfonso, creo, y me fotografiaron de frente y de perfil, izquierdo y derecho, creo que después nos tomaron la foto a todos juntos.

Nos bajaron, luego como a eso de las 9 o 9:30 de la noche nos volvieron a subir, esta vez sólo a los tres, nos dijeron que podíamos hacer una llamada, Héctor y yo no hablamos a nadie, sólo Ale le habló a uno de sus amigos, Héctor y yo firmamos un papel que nos dieron donde decía que sabíamos que teníamos derecho a hacer una llamada. Cuando subimos vi al señor que nos rentaba la casa sentado en un sillón, sólo nos miraba y no nos habló para nada.

Como a las 11 u 11:30 hrs aproximadamente me sacaron del separo y me llevaron donde un señor tomó mis generales y tomó como 3 o 5 muestras de huellas dactilares, antes ya habían sacado a mis dos hermanos.

Traté de descansar un rato, sin poder dormir, sólo recostado, vi que sacaron a mis hermanos, primero Ale, luego Héctor y después yo, me llevan donde estaban un señor y un joven que me explican que tengo derecho a declarar y que va a estar un abogado de oficio, pero que si no quiero no declare.

Me llevan y leen la investigación creo, lo que recuerdo es que habían encontrado supuestamente armas en mi casa, leen el modelo y la cantidad, no recuerdo cuántas, también leen la cantidad de cartuchos y cuántos había de cada uno.

Me preguntan que si quiero declarar y yo digo que sólo con un abogado de confianza, no declaro y el abogado de oficio me pasa a su oficina donde me da una como tarjeta en donde pone los delitos de los cuales me acusan, que en ese momento eran cuatro, su nombre, firma y que no declaré. Me regresan a mi celda. Serían como la 1 o 2 de la mañana cuando pasó todo esto.

Después bajó otro policía que decía que era del ministerio público y me comenzó a hacer preguntas, antes decía que no era una declaración, que era una plática y que nos podía ayudar, al no encontrar respuesta a sus preguntas decía -¿qué se la van a comer solos?-, ahí fue cuando me dijo que para qué queríamos el dinero, yo le dije que no había visto ningún dinero, me dijo que era mucho, que eran más de 100 mil dólares, yo le dije que no sabía.

Intenté dormir, me recosté, tenía un ligero dolor de cabeza, cuando comenzaba a dormirme de pronto mi brazo como que saltaba, después mi pierna, despertaba y me paraba para ver si estaban mis hermanos, me recostaba un rato, cuando estaba medio dormido sentía como un golpe en la boca del estómago y despertaba sobresaltado.

Escuchaba cuando abrían los separos, nada más estaba esperando el momento en que entrara el ejército u otros encapuchados para llevarnos o para que se llevaran a uno de mis hermanos.

Siempre que salía uno de mis hermanos a la hora que fuese, los otros dos esperábamos despiertos hasta que regresara, le hacíamos señas de qué pasaba, si lo habían golpeado o no.

Realmente la primera noche casi no dormí. Aunque diga el director de la UEDO que dormimos bien.

El segundo día, martes 14 de agosto durante el transcurso de la mañana no pasó gran cosa, ubiqué la hora porque a las 8 de la mañana era la hora del desayuno, a las 2 pm comida, y a las 8 pm cena.

En la tarde llegó un señor que se presentó como de la PGR y nos dijo que dos personas habían interpuesto un amparo contra la tortura e incomunicación, preguntamos qué significaba y quién lo había puesto, que si nos podía dar sus teléfonos, dijo a esto último que no, le dijimos que Héctor y yo habíamos sido torturados antes de llegar a los separos, el dijo que eso ya no importaba, que de lo que se trataba era si en los separos nos habían golpeado, dijimos que no, nos pidió que decidiéramos si firmábamos o no.

Después, más tarde, llegaron unos señores de la CNDH y nos dijeron que la LIMEDH había interpuesto un amparo contra la tortura, nos dijeron que si aceptamos hablar y yo les dije que si, grabaron mi declaración de tortura, me tomaron fotos y medidas de las marcas que aun se veían en pecho y cuello, me tomaron la presión, iban tres señores y una señora.

Creo que esa misma noche nos suben a los cinco otra vez, dos señores de traje nos toman fotos individuales y en grupo y video, estos señores no se identificaron ni nada.

En la noche tal vez como a las doce o a la una del miércoles, llegan los señores de la UEDO, eran tres, para tomarnos declaración, me negué a declarar y nuevamente el abogado de oficio firmó la tarjeta donde decía que me reservé el derecho. Nos tomaron huellas dactilares.

Ese mismo miércoles como al medio día dejaron pasar a la abogada Pilar Noriega a ver a mis hermanos y a mí, me dijo que no declarara nada, aunque ella estuviera, me dijo que teníamos derecho a la privacidad, pero en ese momento los judiciales de guardia estaban como a dos metros de nosotros escuchando todo lo que decía la abogada y yo.

En la noche nos vuelven a sacar a los cinco y se presenta un señor que se llama Felipe Canseco y dice que es de una ONG y que fue preso político, nos preguntó que si habíamos sido torturados, Héctor y yo dijimos que si, nos preguntó que porqué habíamos puesto en el amparo que no nos habían golpeado, le dijimos que en los separos de la PGR no, pero que antes si, nos preguntó que si nos habían puesto una bolsa y dijimos que sí, toques, preguntó-no- respondimos y dijimos los golpes que nos habían dado. Nos dijo que no confiáramos en los abogados de oficio porque a él lo torturaban frente al abogado, que nos habían golpeado, pero no mucho, que el nuestro era un problema político y que se iba a resolver conforme hubiera más cambios en el país. Acto seguido se retiró.

Ahí entendí más claramente las cosas y que también involucraban a los otros dos señores en lo mismo.

A estas alturas era evidente el enojo de los policías que estaban de guardia por las constantes visitas, uno de ellos dijo:-hasta parecen viejas, ni los puede tocar uno-, otros nos decían que ni afuera nos visitaban tanto.

Más noche yo creo que como alas 10pm vi que sacaron uno por uno a mis hermanos, regresan y me sacan a mi, eran los de la PGJDF., me toman muestras dactilares, fotografías y un policía que estaba ahí decía-pero que tal cuando andabas de guerrillero en Oaxaca, en Guerrero, éstos aunque los putees no sueltan nada- le decía al otro. Me preguntaron mis generales y cuando me preguntaron mi grado escolar, dije que segundo año de la carrera de Filosofía, el policía decía-si, ahí te jalaron-. Este policía era prepotente como la gran mayoría.

Después en otro cuarto tomaron video y prueba de voz, me dijeron que hablara lo que quisiera y mientras me tomaban video.

Preguntaron si pertenecía a algún partido político, dije que no, si había participado en la huelga, que si era parte del CGH, dije que no, que qué pensaba de la huelga, dije que me era indiferente, noté insistencia respecto a lo de la huelga en la UNAM.

Después ese judicial junto con otro me formularon otras preguntas, no las respondí, nuevamente decían que si me la iba a comer solito. Se fueron.

Nos tomaron también la prueba para ver si no habíamos disparado, antes preguntaron si lo habíamos hecho, yo dije la verdad, que no.

El día jueves como a las 10 a.m. se presentó un doctor que se llama Adrián Ramírez y otras dos señoras, nos dijeron que eran de una ONG y que si estábamos de acuerdo con que nos revisara médicamente, nos explicó que eran dos exámenes el médico y el psicológico, aceptamos. Cuando le pidió al señor de la UEDO que se retirara porque su presencia podría constituirse como presión para nosotros éste no acepto y dijo que el seguía ordenes y se basaba en la ley contra la delincuencia organizada, discutieron un rato y el doctor dijo que eso iba a invalidar la parte del cuestionario psicológico y que él así lo iba a consignar.

Primero pasó un señor y después mis dos hermanos, yo y otro señor (Pablo), ahí escuché con más detalle la tortura que hicieron contra mi hermano Héctor y lo que le preguntaban, lo revisaron minuciosamente, en presencia de los doctores de guardia de la PGR, vieron una lesión en cuero cabelludo, en la nuca, producto de un jalón de cabello y otras lesiones en cuello que todavía se notaban.

Yo seguí y narré lo que pasó, me revisaron y le comenté al doctor que sentía una parte del dedo gordo de la mano derecha como dormida, me hizo unas pruebas y les dijo a los de la PGR que hicieran estudios porque podía estar comprometido algún nervio. Hasta la fecha no se me ha hecho ningún estudio y la parte externa que va de la muñeca al primer hueso del pulgar sigue como dormida, con un poco menos de sensibilidad aunque puedo mover bien el dedo El doctor Adrián dijo también que tenía una tendonitis, el doctor de la PGR dijo que no. Al llegar a Almoloya como una semana después le dije al médico que me dolían las muñecas, me dijo que era una tendonitis, me dieron como cuatro días de naproxeno.

Luego habló Ale y lo revisaron, después escuché como detuvieron al señor Pablo y que también lo habían golpeado, un poco menos que a nosotros.

Nos dijo el doctor que podíamos solicitar protección para alguien, dijimos que para nuestros hermanos, Francisco y Emiliana. Se retiraron y nos regresaron a nuestros separos.

Más tarde nos sacaron y vimos a mi hermana Emiliana y al señor Felipe. Mi hermana que yo no había visto en mucho tiempo nos dijo que se enteró por la tele de las noticias, me dio gusto verla, nos abrazamos, nos dió a que firmáramos un amparo para no ser trasladados al CEFERESO , lo firmamos, bromeamos y le dijimos que nos veíamos en Almoloya, un señor que estaba ahí de la UEDO dijo -no se adelanten muchachos-refiriéndose a que no sabíamos si nos trasladarían aquí y ya ven, aquí estamos.

El dolor de cabeza se me quitó tres noches después, casi no dormíamos en los separos, porque además nos sacaban a la 1 o 2 a.m..

Me parece muy difícil dormir como antes después de lo sucedido..

El viernes aproximadamente a las 4:30 a.m. llegaron unos policías con pasamontañas y uniforme gris a los separos, nos sacaron a los 5, me esposaron con las manos atrás, escuché que unos decían -éstos son los nuestros- y nos llevaron a Héctor y a mi a una camioneta. La hora la sé porque uno de ellos la dijo al llegar.

Me subieron en el asiento de atrás en medio de dos policías, a Héctor lo subieron enfrente entre otros dos, arriba, dijeron que había que ir más tranquilos, me quitaron las esposas de atrás y me esposaron hacia enfrente, pasaron mi mano derecha por mi pierna izquierda, con la cabeza hacia abajo y mirando el piso del carro.

Uno de ellos que iba a mi izquierda puso su brazo en mi espalda y me dijo- tranquilo-.

No sé cuánto duró el recorrido, llevaban Universal Stereo, tienen buen gusto, cuando estaba en mi casa detenido ilegalmente vieron un CD con el concierto de Aranjuez y lo pusieron, parece que les gustó.

Llegamos adonde íbamos, aunque en ese momento yo no sabía dónde estábamos, y nos bajaron de la camioneta y nos subieron a los cinco en una sola, mi hermano Ale quedó a mi derecha, tardamos un buen rato así, escuché que decía uno -esto nos pasa por hacer las cosas a la carrera- y escuché a alguien que decía -se nos venció el término-, empezaba a amanecer, se oían los pájaros y escuché que alguien decía que eran como las 6 a.m.

De pronto arrancaron, pasaron pocos minutos, bajaron uno por uno de la camioneta y estábamos en la recepción de Almoloya.

Según el penal nuestra hora de ingreso es a las 3:30 a.m. del viernes, eso nos dijo el abogado de oficio. Si nos detuvieron el lunes 13 a las 5ª.m., las 96 horas se vencían el viernes a las 5 a.m., se les pasó el término para consignarnos o liberarnos, pero eso para ellos es muy fácil de arreglar, sólo se le pone otra hora y ya ¡listo!.

III

Ya en Almoloya nos bajaron de la camioneta, a mi al último, me sentaron con las piernas abiertas frente a la pared y me esposaron con las manos atrás, yo era el último y a mi derecha quedó el señor Pablo.

En mi turno me quitaron las esposas, ya me dijeron que estaba en Almoloya, que contestara si señor o no señor, que era el 1108, todo con gritos, me desnudaron, me preguntaron que si no tenía alguna lesión, que hiciera sentadillas, que separara los glúteos y me agachara, me dieron un uniforme, me lo puse, antes me tomaron fotografías de frente y de perfil, me llevaron a una celda con las manos atrás, cabeza abajo, corriendo, me pusieron en posición de revisión que consiste en tener las piernas abiertas, brazos abiertos y con la parte externa de la mano contra la pared, ahí me dejaron un buen rato y que luego me llamaban, me cortaron el pelo, el bigote, un señor grababa con cámara, me fotografiaron otra vez de frente y de perfil, me revisaron para ver si tenía lesiones, me sacaron sangre como dos tubos de ensaye grandes y uno chico.

Como hasta las 9:30 o 10 a.m. ya estaba en la celda 18 del área de tratamientos especiales o conductas especiales, Ale quedó en la 13, Héctor en la 14 del mismo pasillo.

Ese mismo día en la tarde nos sacaron para hacer una declaración, no estaban nuestros abogados, así que no declaré, ni mis hermanos.

Nos hicieron varios exámenes de psicología, trabajo social, pedagogía, criminología y médico.

En los cuestionarios, sobre todo trabajo social y psicología, insistían mucho sobre mis padres, a qué se dedicaban, si sabían que estábamos presos, que por qué no nos visitaban, que si sabíamos dónde estaban, que si pudiéramos nos comunicaríamos con ellos, además preguntaban sobre todos mis hermanos, su edad, a qué se dedicaban.

Cosas personales, si tenía novia, esposa, hijos, si me había drogado alguna vez, que si había tenido relaciones homosexuales y cosas más.

Todo esto para que el consejo técnico interdisciplinario valorara mi grado de peligrosidad, supongo.

No recuerdo que día nos sacaron a los cinco y vinieron unos señores que se presentaron como de la PGR pero de derechos humanos, o algo así, a tomar nuestro testimonio sobre la tortura.

Entré y les dije, me dijo la señora -no, pues está difícil-, decía que eso lo hacían para que no volviera a pasar aunque no se pudiera hacer algo contra los policías que me golpearon, firmé la hoja que leí antes y puse mi huella digital.

Después leí que en una revista gente de la PGR dice que no hay evidencia de tortura, y el director de la UEDO decía que dormíamos bien y comíamos bien.

El trato en Almoloya no ha sido malo, no ha habido maltrato físico, algunos oficiales son más tranquilos que otros y como estamos con otros señores procesados no hay problemas hasta ahorita.

Sólo la disciplina es rigurosa en cuanto a los horarios y cosas así.

Durante los trece días que estuvimos en tratamientos especiales nos sacaban 30 minutos al patio , no diario, a veces con el señor Pablo o con el señor Sergio y creo que en una ocasión con Héctor.

Después de esos trece días nos cambiaron al señor Sergio, Ale y a mi al módulo VIII y a Héctor y al señor Pablo al módulo VI, nos separaron de Héctor, nosotros pedimos que podamos estar juntos los tres hermanos en un solo módulo y si se puede los 5 mejor, ya que aunque no conocíamos a los otros dos señores, se siente feo estar sólo.

Aquí nos informaron del auto de formal prisión, que nos quitaron dos delitos de los 7 que teníamos, que lo de los bancos no fuimos nosotros, pero ahora dicen que no sé que hicimos en Iguala, Santa Lucía, Toluca y no sé que otras partes. Ninguno de los testigos tiene nombre ni rostro.

Nos han dicho los abogados y mi hermana que han obstaculizado nuestra defensa, por ejemplo el día 5 de septiembre se agotó la instrucción y que tenemos diez días comunes para presentar pruebas y 15 días para el desahogo. Toda mi documentación, acta de nacimiento, certificado de primaria, secundaria, preparatoria y facultad, cartilla militar, credenciales de la UNAM, diplomas deportivos, de teatro, todo lo tiene la PGR y no lo ha entregado obstaculizando con esto mi defensa.

¿Cómo no se va a poner a pensar uno sobre las irregularidades de nuestro caso?, si cuando nos leían el expediente de los supuestos delitos que cometimos el juez se estaba durmiendo en una silla.

Yo entiendo que mi caso, el de mis hermanos y los otros dos señores es difícil, que las autoridades buscan a quiénes hacer responsables de hechos que no han podido resolver y no tan fácil van a dejar salir a quienes ellos dicen son culpables, porque sería reconocer sus errores y en México las autoridades “nunca se equivocan”.

Buscan quienes van a pagar los platos rotos, también pienso que a cualquiera le puede pasar lo que a nosotros, sólo basta una decisión de no sé quién. Los ataques a la UNAM parecieran, junto con nuestro caso, un tipo de escarmiento para todos los jóvenes universitarios, algo así como : cálmense porque esto les puede pasar, no importa su edad, 18, 19 años, no importa que no sean, no importa que estudien dos carreras al mismo tiempo y que haya muchos testimonios de que son personas tranquilas, no importan las protestas, las marchas, la denuncia, nada importa, si nosotros queremos que estén en Almoloya van a estar ahí y digan que les fue bien porque lo que les hicimos fueron “caricias” comparado con lo que les podemos hacer cuando queramos.

En el interrogatorio decían que lo que hacían lo hacían por amor a México, porque querían a su país, pero claro con pobres para que les lavaran los carros.

Querida hermana y hermano Pancho les envío este testimonio, puede ser que no recuerde otros detalles si lo hago los escribiré.

Espero que dejen salir este escrito, que no me vayan a dar otras “caricias” por escribirlo, pero es necesario que la gente, amigos e interesados en mi caso sepan la otra versión de las cosas, sabemos que las autoridades pueden hacernos culpables, sin juicio ni nada, sólo con los medios de comunicación que tienen a su alcance,

Gracias por su apoyo y amor, saludos a todas las personas interesadas en mi caso, sin más por ahora.

Antonio Cerezo Contreras Almoloya, alias “La Palma”. Lunes 10 de septiembre del 2001.

Navegar por las

AgendaTous les événements

Soutenir par un don