Participación del Comité Cerezo México en la Jornada por el día internacional de la mujer realizada en la FCPyS-UNAM

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Una mal intencionada vulgarización de esta enriquecedora e interesante historia se afana por quitar la característica de lucha y de defensa de los derechos humanos que caracteriza a este día. Esas mismas posiciones simplistas se afanan en distraernos en la burda y estúpida competencia entre géneros que nos hace olvidar que en este mundo hay hombres y mujeres que violan los derechos humanos, pero también hay hombres y mujeres que son víctimas de terribles violaciones a los derechos humanos, aún más hombres y mujeres que aún frente a estas violaciones siguen organizándose y luchando por sus derechos.

Estamos todos aquí reunidos para celebrar el día Internacional de la mujer. Desgraciadamente el capitalismo y su afán consumista se ha ocupado de borrar los apellidos que caracterizaban a este día y que mostraban que tal celebración no es resultado de la generación espontánea, sino de un contexto político social y de la lucha de los pueblos.

Muy pocos recordamos que el nombre original de tal día es “Día Internacional de la mujer trabajadora”. La primera vez que se celebró algo semejante fue un 28 de febrero de 1909, tras la declaración del Partido Socialista de los Estados Unidos que llamó a una jornada por el Día de las mujeres socialistas. Tal jornada no implicaba, como hoy se hace, regalar cosas, comprar y consumir, y festejar por el simple hecho de ser mujer; por el contrario llamaba a jornadas de protesta, de lucha y de organización por el reconocimiento de los derechos de las mujeres trabajadoras. Un año después Luisa Zietk y Clara Zetkin, en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, declararon el Día de las mujeres trabajadoras.

En 1911 se celebró por primera vez este día, en un 19 de marzo, con mítines en todo el mundo. En el marco de tales manifestaciones ocurrió el incidente en donde 146 trabajadoras de una fábrica de camisas en Nueva York murieron quemadas, hecho que pudo prevenirse si las trabajadoras no fueran sometidas como lo eran, y aún lo son [1], a condiciones inhumanas y denigrantes de trabajo como encerrarlas completamente. Entre los años de 1913 y 1914 hubo manifestaciones alrededor del 8 de marzo, en ellas diversas mujeres se manifestaron en contra de la guerra.

En 1917 las mujeres rusas utilizaron esta fecha para declarar la huelga de pan y rosas para protestar por el número de soldados muertos en la primera guerra mundial. He mencionado tan sólo algunos ejemplos para mostrar que el Día Internacional de la mujer no surgió para celebrar a un género, surgió en un marco de protestas donde las mujeres lucharon no sólo por sus derechos, sino por denunciar las barbaries que los Estados cometían en contra de hombres y mujeres; surgió como un día en torno al cual mujeres con una posición de clase se organizaban para exigir mejores condiciones de vida.

Una mal intencionada vulgarización de esta enriquecedora e interesante historia se afana por quitar la característica de lucha y de defensa de los derechos humanos que caracteriza a este día. Esas mismas posiciones simplistas se afanan en distraernos en la burda y estúpida competencia entre géneros que nos hace olvidar que en este mundo hay hombres y mujeres que violan los derechos humanos, pero también hay hombres y mujeres que son víctimas de terribles violaciones a los derechos humanos, aún más hombres y mujeres que aún frente a estas violaciones siguen organizándose y luchando por sus derechos.

Así pues evitemos caer en esas posiciones simplistas y entendamos que si bien estamos aquí para celebrar a las mujeres trabajadoras (no a todas), celebrarlas no implica hablar sólo de mujeres, sino de hombres que han sido solidarios con las luchas de estas mujeres porque ellas han sido solidarias con sus luchas ya que han logrado entender que los hermana algo más fuerte que el género.

Resultado de ese estire y afloje en medio del cual, por medio de protestas y de la organización, las mujeres trabajadoras pugnaban sí por el reconocimiento de sus derechos, pero también por el los trabajadores y el pueblo en general, fueron construyéndose los conceptos de unos derechos fundamentales cuando hablamos de la lucha de los pueblos: el derecho a la memoria, la verdad y la justicia.

Esos mismo Estados contra los que grupos de mujeres en coordinación con hombres han luchado han desplegado una eterna campaña por arrebatar el carácter social y concreto con los que surgieron estos derechos y se afanan por instaurar conceptos de memoria, de verdad y de justicia acartonados, sacados de su contextos y, lo peor, caracterizados por la visión de los victimarios y no de las víctimas.

En el arduo, largo y peligroso camino en el que las mujeres organizadas y las familiares de víctimas de terribles violaciones a los derechos humanos peregrinaban por cientos de cárceles buscando a sus detenidos desaparecidos, protestando en contra de las ejecuciones, luchando por la libertad de sus compañeros y compañeras encarcelados; en la eterna lucha para que juzguen a los culpables, para que la impunidad no sea el pan nuestro de cada día, para que el miedo, el terror y la muerte no sea el único futuro que heredemos a nuestros hijos, fueron especificando los criterios y parámetros con los que se debía construir la memoria, la verdad y la justicia.

¿Qué mejor manera de honrar y celebrar a esas mujeres que han luchado que continuar con su trabajo, que continuar con esa lucha eterna para que la justicia, la verdad y la memoria sean construidas para las víctimas y no para los victimarios? Por eso mismo considero que es necesario aclarar estos conceptos y eliminar de ellos una serie de mitos y mentiras que los Estados intentan colocar.

El derecho a la verdad implica que las víctimas de violaciones a los derechos humanos y la sociedad en general tienen derecho a que se conozca la verdad de sus luchas y la verdad de los hechos en los que fueron agredidos, atacados o asesinados. Esto implica que se conozca quiénes fueron los responsables intelectuales y materiales de cometer las violaciones a los derechos humanos, así como todos los datos específicos de los hechos, pero también implica conocer quiénes favorecieron y encubrieron esas violaciones y quiénes se beneficiaron, las razones económicas, sociales y políticas que motivaron a los victimarios a actuar en su contra y, lo más importante, implica reconocer esos hechos como parte de una estrategia general de represión y ataque. Es más, no basta con esto para construir la verdad; es necesario recuperar la identidad de las victimas, que la gente conozca quién era la víctima, qué hacia, qué sueños y proyectos tenía. Toda esta información debe ser difundida por todos los canales existentes para que la sociedad conozca la verdad.

El derecho a la justicia garantiza que las víctimas tengan acceso a investigaciones serias, independientes e imparciales que conduzcan al esclarecimiento de los hechos ocurridos y al enjuiciamiento de los responsables. Eso incluye un recurso judicial efectivo e informado, incluye el deber de los estados de investigar, sancionar y juzgar a los culpables y facilitadotes de las violaciones, incluye el deber de instaurar medidas de protección para las víctimas, sus familiares y organizaciones; requiere de la asistencia y ayuda para quienes demandan justicia, el respeto al debido proceso, así como el otorgamiento de penas adecuadas y proporcionadas a los hechos.

El derecho a la reparación, por su parte, implica aliviar el sufrimiento de las personas y comunidades afectadas, pero no puede llegarse a ella sin la justicia. Tal derecho se compone de varias aspectos: La obligación del Estado de restituir, en la medida de los posible, las condiciones en las que se encontraban las víctimas antes de ser atacadas; la obligación de indemnizar a víctimas y familiares por los daños físicos y morales que se les ha causado; la obligación de rehabilitar a las víctimas y los afectados y la obligación de satisfacer a las víctimas para repararlas y dignificarlas moralmente.

Uno de los aspectos más importantes de la reparación integral incluye una acción permanente que transforme las condiciones socioeconómicas que ocasionaron las violaciones, supone la instauración de medidas enérgicas que garanticen que hechos semejantes no podrán presentarse de nuevo y eso implica el desmonte de las estructuras que hicieron posible tales violaciones a los derechos humanos.
No obstante, tales derechos son violados permanentemente y, lo que es aún más grave, terribles mitos se ciernen alrededor de estos derechos de las víctimas.

  1. La relativización de la verdad. Constantemente oímos frases como “hay que permitir que las víctimas cuenten su verdad” “Cada una de las partes tiene su verdad de los hechos”. Nada más falso y más injuriante para las víctimas. Tal suposición permite pensar que no existe una verdad como tal, y evita que el derecho a la verdad se materialice. Bajo esta falsa idea es fácil argumentar que la verdad de la víctima es que fue ejecutado extrajudicialmente, mientras que la verdad del Estado es que se presentó una baja colateral por el bien supremo de la seguridad. ¡Nada más cómodo para que se lave las manos y se deshaga de su responsabilidad! Ninguno de nosotros debe olvidar que detrás de cada violación a los derechos humanos existe una verdad, sólo una: los hechos que han ocurrido. El hecho de que de esa verdad existan varias versiones es otra cosa, pero hay una verdad. Las víctimas y los familiares deben luchar para demostrar esa verdad a la que el Estado impone su versión como si fuera la verdad.
  1. Otro mito es que recuperar, difundir y reconocer la verdad es tarea de las víctimas o sus familiares. Falso: el Estado está obligado, puesto que es él el responsable de la violación, de los daños y de las mentiras que construye con respecto a esas violaciones, a otorgar y garantizar el derecho a la verdad. Ya para ello debe poner a disposición de las víctimas y sus familiares todos los canales que estos requieran para dar sus testimonios, para contar la verdad que han vivido y para mostrara como el Estado tergiversó esa verdad.
  1. Que la justicia y cada uno de los derechos de las víctimas son individuales y particulares. Si estos derechos no son garantizados a la población en general no podemos decir que se han otorgado o respetado. La justicia no atraviesa por el juicio del perpetrador de un solo caso: la justicia tampoco es algo que se pueda alcanzar de manera individual, porque estamos hablando de una justicia social.
  1. Las víctimas sólo están interesadas en lo económico. Frase que medios de comunicación y autoridades suelen repetir para desprestigiar la lucha de víctimas y familiares. Para comenzar las víctimas tienen derecho a una indemnización por el daño que el Estado les ha causado, y porque muchas veces las violaciones de las que han sido víctimas las han dejado en condiciones terriblemente vulnerables en materia económica. No obstante las autoridades ocultan el hecho de que la mayoría de familiares y víctimas están mucho más interesados en conseguir la verdad, la justicia y la memoria que la reparación económica. Ocultan que el manejo que ellos hacen de la reparación ocasiona, abusando de la necesidad de la gente, que al darle dinero a las víctimas de deje de luchar por la justicia; son ellas quienes utilizan la reparación de una manera manipulada y tendenciosa para dividir a los familiares y víctimas y desintegrar los movimientos que exigen castigo a los culpables y justicia.
  1. Que pedirle al estado memoria verdad y justicia es mendigarle o pactar con el perpetrador. Falso: Nadie le pide al Estado nada, le exige, nadie pacta con él… Que el Estado brinde y garantice estos derechos de las víctimas es resultado de las luchas de los pueblos, y no algo que el Estado conceda por bondad. Se trata de algo que se la ha arrebatado por medio de palucha y la presión. Seguir exigiendo los derechos a la memoria la verdad y la justicia que nos legaron otros luchadores sociales es continuar con ese esfuerzo, es seguir construyendo los derechos de las víctimas.
  1. Que la forma de construir y otorgar la memoria la verdad y la justicia está ya estipulada. La memoria la verdad y la justicia son conceptos amplios que se van concretando y enriqueciendo a través de las exigencias de víctimas y familiares, son ellos mismos quienes van a decir qué memoria, qué verdad y qué justicia exigir y por medio de que acciones concretas le exigirán al Estado que las materialice.
  1. Que el Estado si cumple estos derechos se vuelve un Estado justo y reconstruye el tejido social. No necesariamente es así, sobre todo cuando esto ocurre en un hecho específico pero no como política del Estado. En la medida en que surgen nuevos y nuevos casos de violaciones a los derechos humanos, se hace evidente que los derechos de las víctimas no han sido respetados, que no se han eliminado las estructuras que permiten tales violaciones, que no es política del Estado no cometerlas, que se hayan resuelto las causas estructurales. Esto muestra que no basta con que se encarcele a un perpetrador de un caso aislado.

Así pues celebrar y recordar las fechas que se han instaurado para recordar y festejar las luchas de los pueblos, como hoy el de la mujer, es una tarea importante. La manera de hacerlo mostrará la posición que tenemos y mostrará también una decisión y actitud política ante los Estados represores. No podemos permitir que los perpetradores arrebaten el componente de lucha y exigencia de estas fechas, mucho menos de los conceptos que el mismo pueblo ha construido para sus víctimas.

Así pues celebremos con nuevas jornadas de lucha, organización y solidaridad. Celebremos a todas esas mujeres que desde su práctica concreta se han dedicado a defender sus derechos y los de los demás, que desde su práctica concreta, férrea y valientemente, se han afanado para que los Estados no les arrebaten sus derechos y se los intercambien por migajas en las que apenas si se ha quedado algo de los conceptos de memoria, verdad y justicia.

Unámonos a esa lucha permanente por medio de la cual hemos ido dejando claro que no queremos concesiones, migajas, preventas ni placebos. No queremos los discursos huecos de justicia que el Estado intenta imponer para engañar. Queremos la verdad, la memoria y la justicia que nuestro pueblo, entre ellas muchas valientes mujeres, han construido desde la lucha de los pueblos para heredárnoslas, para que nosotros las sigamos construyendo.

[1Como las seis trabajadoras que murieron en el incendio de una tienda Copel en Hidalgo

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