Relatoria de la visita de Rodolfo a Antonio Cerezo Penal de exterminio de Matamoros

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- ¿Cómo se siente al estar aquí? Me pregunta Antonio en un momento de nuestra conversación en el locutorio 18 que nos asignaron en el penal de alta seguridad de Matamoros. -Me siento impresionado, pues nunca había estado de visita en un lugar así.

Confieso que a pesar de haber sido atendido con la cortesía reglamentaria, me sentía raro, con sensación de saberme observado, empero, todo el proceso transcurrió con la normalidad que había imaginado.

Llegué a la garita del penal a las 12:38 hrs. Presenté a un oficial mi credencial de elector y nombre del interno. A los diez minutos aproximadamente me invita a pasar y otro oficial me extiende la boleta que me permite pasar a las oficinas. Antes de pasar me filman y el oficial me señala la ubicación del edificio donde se encuentra la oficina de Trabajo Social.

Una oficial toma nota de mi entrada y me indica la ventanilla de Trabajo Social donde me piden registrar mis datos en una libreta y les entrego la papelería reglamentaria para poder ser aceptado como visitante. Me entregan un tríptico de los requisitos que debe un visitante cumplir (forma de vestirse y de lo que no debe introducir). Lo único que permiten pasar es el pase, la ficha de depósito de los objetos que no pueden pasar y la credencial de elector.

Ha transcurrido alrededor de ½ hora y me informan que ya puedo pasar al edificio administrativo. Aquí volví a llenar mis datos en el libro de registro y luego un oficial me entrega un gafete de visitante. Otra oficial me conduce al interior del penal.

Puerta-reja giratoria operada electrónicamente, nos conduce a una sala pequeña donde me piden que pose nuevamente viendo la cámara. Se abre otra reja, y a través de un pasillo se llega a una amplia sala donde se exhiben trabajos artesanales de los reos. Llegamos a otra reja con puertas giratorias que para permitir el paso se tiene que teclear un número clave que dan a cada visitante, y que funciona a la vez que se coloca la mano derecha en un dispositivo que registra las huellas. Se acciona la reja giratoria y paso a otra sala donde me piden llenar otro libro de registro. Nuevamente me piden posar ante la cámara mostrando mi credencial de elector que se quedan y guardan en un cajón. De aquí otra oficial me pasa a un área donde hay un aparato arroja aire a mi cuerpo, supongo que es una especie de fumigación y luego se levanta las manecillas que dicen “stop”. Enseguida me lleva la oficial a otro cubículo donde otro oficial me dice que me hará un inspección solicitando en primer término los zapatos para revisarlos, luego me pide desabrochar la camisa y sacudirla. Lo mismo los pantalones. Listo para que otro oficial me conduzca por pasillos y escaleras pasando por dos o tres áreas donde están oficiales que operan electrónicamente las rejas que se abren luego de que el oficial-guía le muestra a través del cristal enrejado la boleta con los datos del interno y del visitante.

Finalmente llego como a eso de las dos de la tarde a una salita de recepción donde nuevamente anoto en una libreta de registro los mismos datos. Creo que transcurrió media hora y al fin el oficial de esa área me avisa que puedo pasar al área de locutorios donde ya me espera Antonio.

Creo que me permitieron estar una hora aproximadamente y el oficial abre la puerta-reja y me despido de mi amigo. El retorno fue más rápido. Llenando en las libretas la hora de salida y estampando mi firma. También en el regreso me volvieron a revisar la ropa y los zapatos. Finalmente estoy fuera de las instalaciones del penal a las 16:40 hrs.

¿Por qué les narro todo lo anterior? Bueno, lo hago con la intención de puedan percibir la atmósfera de una prisión de alta seguridad.

En resumen, quiero compartir con ustedes lo que pensé luego de despedir de Antonio.

Cuán egoístas resultan los que dicen dar todo por la libertad, pero cuando algún compañero la perdió por sus ideales, no son capaces ya no digamos de visitarle sino que ni siquiera se molestan en escribirle una carta.

Rodolfo

Domingo 11 de septiembre de 2005

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